Sunday Drivers

Lori Meyers

El sábado subieron un par de grados las temperaturas, cosa que hizo que la sombra se convirtiera en la auténtica protagonista del festival durante las primeras horas. Nos resguardábamos en ella mientras veíamos el directo limpio y contundente de Mucho. A día de hoy, imagino que sabréis que los integrantes de este grupo son los toledanos Sunday Drivers. El cantante, en cambio, no es Jero sino Martí Perarnau. Sé que las comparaciones son odiosas pero esta vez está más claro que el agua a quién nos recuerda esta nueva voz en castellano: I.F. (así, discretito, solamente con sus iniciales). De todas maneras, han sabido traernos una propuesta muy distinta de la de antes y  está gustando. Quedó clarísimo este fin de semana entre las caras de aceptación de los acalorados asistentes que iban merendando sus temas a media tarde.

Tras ellos, Manel nos teletransportaron hasta la costa catalana con humildad, un ukelele y esas letras tan sencillas y bonitas que llevan presentándonos desde que salió a la luz su primer disco. En 10 milles per veure una bona armadura, su segundo trabajo, han madurado  y evolucionado hacia un lugar más sólido. Era curioso ver como la mayoría de asistentes se acomodaban frente al escenario de los catalanes y los madrileños Havalina (que actuaban a la misma y mini créditos hora en el espacio Eastpak) se quedaban con un público mucho más íntimo. Sonaban en Madrid Benvolgut, Boomerang, Al Mar… y muchos las tarareaban. Muy emocionante. Queda confirmado que, a día de hoy, los únicos que meten cizaña entre las dos grandes comunidades autónomas de la península son los políticos. Y el fútbol, claro.

Jamaica fue todo un descubrimiento. Había oído hablar de ellos pero nunca se me había ocurrido escuchar su disco. Carlos (mi acompañante, amigo, dj y “enteradillo”) me dijo que hacían synthpop francés, que eran muy electrónicos… y de golpe nos encontramos con un grupo de power pop que nos encandiló desde la primera canción. Mucha guitarra y cero sintetizador. Estos chicos en el directo del Dcode hicieron rock and roll y punk del auténtico y, además, muy pero que muy bien hecho. No nos aburrieron ni un poquito.

Y del descubrimiento del día a la reconciliación del día: Blood Red Shoes. La primera vez que les vi me parecieron flojillos. El sábado entendí que los británicos son un dúo que se disfruta mucho más en un festival de música que en una sala (al contrario de bandas como Eels o Band of Horses). Hacen canciones para hacer bailar, saltar, cantar… y eso es lo que consiguieron que hiciéramos. Aprobaron con creces. Llenaron el escenario con muy poquito y nos cargaron las pilas antes del directo de The Vaccines.

Eran muchos los que esperaban la presentación en España de estos londinenses y es que, The Vaccines,  con tan sólo un disco y muchos temazos, se han ido ganando a un buen número de amantes del indie. Justin Young, cantante y vozarrón, nos impresionó a todos.  Le hacían compañía un guitarrista, bajista y batería con la misma pasión por lo que estaban haciendo que su líder. Épicos a ratos, con actitud punk en algún que otro tema pero siempre dejándonos muy buenas vibraciones con esas canciones que ya suenan a auténticos himnos. Inciso: Tengo que dar las gracias al señor de seguridad que pegaba manguerazos a las primeras filas y me roció enterita de agua sin yo quererlo, justo después de Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra). Hoy escribo esto con un bonito resfriado.

Vivimos a The Hives a lo lejos, comiéndonos un bocadillo de pan, más pan y algo de embutido. A ver… que sí, que los suecos son muy divertidos, suenan de la hostia, lo dan todo en el escenario y patatín-patatán… pero también son muy pesados, ¿no? Desde la segunda canción ya tenía ganas de inventar un mando a distancia con la capacidad de poder apretar un botón y cambiarlos por los siguientes: los Ting Tings. Bastante desequilibrados en cuanto a repertorio, pero sabiendo cómo hacernos bailar de lo lindo. De ellos, me quedo con el remix a lo Chemical Brothers que hicieron con su single Hands. En ese momento algo hizo “click” y las cervezas de los asistentes volaron, todos saltaron, rieron, bailaron… y fue imposible no contagiarse de esa energía.

The Ting Tings

Y así, felices de la vida, con risita nerviosa incluída y abriéndonos un hueco entre la masa… llegó Kasabian. Los de Leicester son uno de esos grupos que me encanta pero nunca había tenido oportunidad de ver. Les conocí con el magnífico single LSF y, desde entonces, no he dejado de seguirles la pista. Entre la multitud, esperando a que comenzaran, me dí cuenta de las ganas que tenía de ver a Tom Meighan y a Sergio Pizzorno haciendo de las suyas encima de un escenario. Entraron por la puerta grande con Club Foot y ya supe que la locura había llegado y aquello no había quien lo parara. El polvo que creábamos todos con nuestros saltos y bailes en la tierra casi no nos dejaba respirar… pero eso qué importaba. Estábamos disfrutando como niños, sudando y quedándonos afónicos. Nos dieron muchas sorpresas: enlazaron Fast Fuse con la archiconocida canción surf Misirlou (momento Pulp Fiction), Sergio se marcó una versión muy Goldfrapp del I Feel Love de Donna Summer y nos presentaron las potentes e impecables Velociraptor y Schwitchblade Smile, nuevas canciones que encontraremos en su próximo disco. Tienen una pintaza increíble.